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Foto: Rosana López Cubas

Hildebrandt: El error frustrado del periodismo peruano

Publicado: 2011-10-24

La presentación del libro “Una piedra en el zapato”, recopilación de las columnas que escribió César Hildebrandt entre el 2006 y el 2011, reunió a muchos admiradores que esperaron, aplaudieron y rieron con el pirómano de verbo incendiario.

Fotos: Rosana López Cubas

Asistir a una presentación de un libro trae las molestias de siempre: elogios por doquier, tumulto, barullo y otras torpezas del público. Eso si el autor concita la atención de los pocos lectores que deben existir en el Perú.

Asistir a la presentación de un libro del periodista César Hildebrandt trae estos y otros molestias pero suficientes razones para aguantarlos cuando se está ante un autor que se expresa tan bien hablando como cuando escribe.

El 21 de octubre, el director de “Hildebrandt en sus trece” presentó “Una piedra en el zapato” (Tierra Nueva Editores, 2011), recopilación de las columnas de opinión que escribió para el semanario que dirige y para el diario La Primera entre el 2006 y 2011.

Jorge Coaguila, Nelson Manrique y Maribel de Paz lo acompañaron frente a un auditorio repleto que lo esperó por más de una hora, negándose a salir tras el final de la conferencia anterior, que buscó un lugar en las escaleras, junto a la puerta y detrás del escenario.

Lo primero que habría que decir es que el periodista recibió una ovación de parte de sus lectores, seguidores y, sobre todo, de sus hinchas. Lo primero que dijo César Hildebrandt cuando le alcanzaron el micrófono fue comentar una noticia.

Era una muy delicada para él: La muerte esa misma mañana de Daphne Dougall de Zileri, la esposa del director de la revista Caretas, a quien conoció y por quien tuvo un gran aprecio, lo había sobrecogido.

Lo que siguió después fue un teatro de varios absurdos. Se anunció que la Feria del Libro Ricardo Palma de este año estaba dedicada a Hildebrandt. Pero no a uno de los pocos autores que llenó el auditorio, sino a Martha, la hermanísima, a quien el periodista ha criticado en diversas ocasiones y por escrito.

Luego, el segundo leonciopradino más famoso del Perú, aprovechó para lanzar, con voz suave y pausada, sus más afilados dardos contra el periodismo, la política y la sociedad, que lo miraba, lo filmaba y le tomaba fotografías como a una estrella pop.

“En el Perú nos creemos demasiado y no somos demasiado”, dijo Hildebrandt, quien en sus columnas muestra su poco aprecio por la comida peruana y el pisco, su fastidio por el triunfalismo facilista y su incomodidad ante la ignorancia de la población.

Como si estuviera otra vez en la mesa de conducción de “Testimonio”, “Encuentro” o “El perro del hortelano”, Hildebrandt mostró esa teatralidad, que lo hizo popular en la televisión, en la lectura de sus columnas que dañan, regañan y desengañan.

Pero el público, en vez de reflexionar sobre ello, aplaudió y rió como si estuviera ante un hombre que es gracioso porque dice la verdad entera con una media sonrisa. Que nos habla de nuestra desidia, nuestra maldad y nuestra soberana estupidez.

Justamente, Hildebrandt calentó la noche leyendo un artículo suyo titulado “La estupidez y la esperanza”.

“Hacer estúpida a la gente es la inversión más rentable para el gran dinero que controla el mundo. Porque los estúpidos no se enteran y son felices, no están interesados y son felices, no piensan y son felices, compran y son felices. Y no causan mayores problemas y son felices. Son felices y hacen felices a los que los han hecho estúpidos para poder ser felices. ¿No es un encanto?”.

Y la gente nunca estuvo más feliz al oír a un periodista que muestra en cada texto su infelicidad, su fastidio y su indignación por la caída del comunismo, las guerras autorizadas por la OTAN, el imperialismo norteamericano y el de la clase peruana dominante que “vende cerros y rocas”.

Menos misericordioso fue con el periodismo peruano, al que tildó de “escuálido” y servil, “excepto La Primera de César Lévano, un animal en extinción como yo”. No sólo le criticó la ética sino también el nivel de la prosa en las noticias, esa literatura diaria que cada vez se escribe peor y con menos vergüenza.

“Un periodista se gradúa cuando lo botan, ahí sacas tu cartón”, dijo el director del único medio impreso que se financia con la venta de sus ejemplares; y quien cree que la SIP no representa a los periodistas, que los periodistas son prisioneros del poder económico, que el poder económico no es la única salida, que la compasión es imprescindible y que no se avanza cuando se tiene más dinero sino cuando se es más solidario y se tiene más educación.

“Soy de una clase social que creía que la lectura era una forma de superación”, dice este idealista de 63 años que añora el Mayo del 68, este pesimista que pensaba que muy pocos comprarían el libro de 596 páginas con sus columnas más rabiosas, sus opiniones en distintos estados de humor y sus reflexiones sobre el Perú de hoy, tan complaciente con sus autoridades, tan dependiente de la TV, tan rendido al libre mercado, tan absorbido por las redes sociales. Tan estúpido, sonriente y adinerado.

Foto: Rosana López Cubas

Sus inicios en el periodismo y la entrevista, sus primeras lecturas, desde Nietzsche, Sartre y una larga lista de poetas (entre ellos Jorge Pimentel, quien estuvo una hora antes en esa misma mesa) y narradores peruanos, donde el apellido González Prada se repitió, fueron algunas de las otras lecciones involuntarias que dejó en medio de una confesión: su amor por el castellano.

Ese amor que lo lleva a corregir sin medida. A “escribir como errar”, como señala en el prólogo del libro, “con la convicción de que jamás lograremos decir lo que nos propusimos”. A escribir como escribieron esos errores humanos que fueron Platón y Víctor Hugo, verdaderas excepciones de una humanidad de idiotas uniformados.

Hildebrandt, ese “error frustrado” del periodismo peruano, como él se considera, es pasión y palabra. Por eso los aplausos que molestan los oídos, los elogios repetidos y el cariño de un público que al final de la velada esperó, en sus trece, por la firma de uno de los pocos periodistas respetados que le queda a la prensa peruana.


Escrito por

Javier García Wong Kit

Periodista free lance, licenciado en Ciencias de la Comunicación y docente universitario.


Publicado en

Viajes de escritorio

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