no está satisfecha

Marcha por el agua.

Aguas movidas: Multitudinaria marcha agitó el Centro de Lima

Publicado: 2012-02-10

No hay un número exacto para el mar de personas que participó en la Marcha por el Agua, que partió el 2 de febrero de Cajamarca y otros puntos del país y que, una semana después, llegó a Lima para hacer oír su voz de protesta por el proyecto minero Conga.

Los organizadores dijeron que fueron 30 mil personas las que se congregaron en la Plaza San Martín el 10 de febrero. Algunos medios de comunicación contaron la mitad. Otros, menos que eso. La mayoría no se atrevió siquiera a dar una cifra. Sólo Jaime de Althaus, el conductor del programa La Hora N de Canal N, dijo que hubo apenas trescientos.

Si la alusión hubiera sido por los espartanos de aquella película épica basada en la Batalla de Termópilas, tal vez se hubiera aproximado a lo que se vio en las calles de la capital, por donde pasó un río de personas que gritaron, saltaron, agitaron sus banderas y reclamaron durante más de tres horas.

— ¡Humala traicionero, ahora eres minero!

Jóvenes, adultos, niños, agrupaciones sociales, partidos políticos, policías, fotógrafos y vendedores caminaron desde la Plaza dos de mayo, siguiendo por las avenidas Colmena, Wilson, Bolivia, Paseo de la República, Grau, Abancay y Nicolás de Piérola, paralizando el tráfico y arrancando aplausos e insultos de los vecinos y transeúntes.

El precio del agua.

Una marcha pacífica que tuvo más de fiesta (música, danza, teatro, disfraces y creativos carteles) que de duelo, pese a la presencia de la muerte (con casco minero) y de un ataúd (con la inscripción “oro = muerte”). Una fiesta donde el agua se anunciaba a 20 soles la botella y la canción más repetida decía “oro, plata y cobre… y el pueblo sigue pobre”.

Ni Marco Arana, el coordinador nacional de la marcha, puede resumir todo lo que se vivió a lo largo de este río de gente que tuvo extremos como niños agitando sus banderas y a los abuelos de la Asociación Nacional de Organizaciones de Personas Adultas Mayores del Perú.

Hubo pobladores de Cajamarca, Ica, Piura, Arequipa, Pasco, Cusco y otros departamentos; organizaciones como Acción Crítica, Mujeres Dignidad y la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos; universitarios de San Marcos y Villarreal; políticos de Patria Roja, el Movimiento Tierra y Libertad, el Partido Nacionalista y Fuerza Social; representantes de distritos y de colegios profesionales. Hubo lesbianas, feministas, músicos y cineastas que gritaban:

— ¡El agua es un tesoro, que vale más que el oro!

El agua es un tesoro.

Y eso lo saben también los vendedores de aguas y gaseosas que acompañaron la marcha. Y los recicladores que recogían todas las botellas plásticas que encontraban a su paso. Y los jóvenes del comité Pokofló. Y los sindicalistas de la CGTP y la CUT. Y los etnocaceristas. Y sobre todo los miembros de CONACAMI Perú, la Confederación Nacional de Comunidades del Perú Afectadas por la Minería.

Lo saben ahora los vendedores ambulantes, los choferes de combi, los policías, para los que hubo arengas de aliento (“El pueblo uniformado, también es explotado”), los trabajadores del Poder Judicial, los compradores del Centro Comercial Centro Cívico, los cambistas de jirón Ocoña, los turistas despistados y los curiosos de siempre que merodearon una nunca tan llena plaza San Martín.

Al final de la jornada, dos proyectos de ley fueron entregados a los congresistas Javier Diez Canseco y Jorge Rimarachín (no se permitió el paso hacia la sede del Legislativo), con los que se busca prohibir la actividad minera en las cabeceras de cuenca y glaciales. Mientras esto ocurría, una voz se alzó en distintos puntos de la marcha donde se gritaban distintas consignas:

— !Si no hay solución, paro nacional!

Es difícil calcular cuántos fueron a la Marcha por el Agua, cuánta gente buscó (hasta agotarse) alguna información en las estaciones de radio o en los tres canales de televisión de noticias que la ignoraron o la minimizaron. Cuántas fotos y videos se difundirán en los días siguientes a través de las redes sociales y blogs. Cuántos hablarán del cianuro y el mercurio que usa la minería para extraer el oro y cuántos les cambiarán de tema.

Tan difícil como calcular cuánto daño produce la contaminación de la minería informal y la minería irresponsable (que a veces son dos cosas distintas) al ambiente y a la población. Si un país se gobierna con números, y el Perú está atravesado por una costa árida donde vive más de la mitad de su población, la escasez de agua será una cuenta que nadie querrá pagar.

El agua o el oro.

Los niños también se hicieron presentes.


Escrito por

Javier García Wong Kit

Periodista free lance, licenciado en Ciencias de la Comunicación y docente universitario.


Publicado en

Viajes de escritorio

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