reconoce sus orígenes

La izquierda en el diván

Publicado: 2012-05-12

¿Cuál es el futuro de la izquierda política peruana? Convertido en un personaje de ficción, La Izquierda visita el diván de un psicoanalista para hacerse varias preguntas existenciales. Crónica sobre una mesa redonda en el local de Patria Roja.

La Izquierda pasa al consultorio y da un vistazo a la biblioteca clínica, donde no hay libros de marxismo ni leninismo, pero sí algunos de Freud y de Nietzsche. Y si la izquierda pudiera ver las tapas de los libros, encontraría uno en el que aparece Mao Tse Tung con colorete en los labios. La izquierda toma asiento y rápidamente se recuesta. Parece no guardar ningún pudor frente al diván del sicoanalista.

—¿Cuál es su nombre completo?

—Partido Comunista del Perú, Patria Roja. Pero me dicen La Izquierda.

—¿Edad?

—84 años, doctor. Mi padre fue José Carlos Mariátegui.

—¿Ocupación?

—Desempleado.

Hasta ese momento, La Izquierda no había explicado sus problemas de identidad, los conflictos internos que lo llevaban a cuestionar su pasado, sus creencias más acérrimas y sus métodos políticos que la habían relegado a un papel secundario y siniestro. El del retrógrado, el del malo de la película, el terrorista. Los libros de autoayuda no habían servido. Los consejos de los amigos y aliados tampoco. La izquierda pedía, a gritos contenidos, ayuda de una vez por todas.

La noche del miércoles 16 de mayo, el Partido Comunista del Perú organizó la mesa redonda “La izquierda que el Perú necesita” e invitó a este diálogo con su conciencia a reconocidos intelectuales de zurdos pensamientos. De la casa y de la acera del frente. El ejercicio consistía en exorcizar los demonios de este bando de políticos, politólogos, ideólogos, educadores y pensadores que deben esforzar la memoria para recordar la última vez que tuvieron el poder en sus manos.

El primero en hacer el ejercicio de pensar en voz alta fue Héctor Béjar, sociólogo y abogado que comandó la guerrilla llamada Ejército de Liberación Nacional (ELN), cuyos hermanastros en Colombia son recordados por sus secuestros y negociar la paz durante más de 10 años. Béjar, canoso y de mirada lacerante, es para muchos un héroe en reposo que aguarda por volver al campo de batalla. Aunque ese viejo coraje ahora parezca extinto cuando se pregunta: ¿el Perú necesita una izquierda?

—Dígame, ¿qué lo ha llevado a cuestionar su propia existencia?

—No sé, doctor. Mejor dígame usted: ¿no habré estado equivocado todos estos años?

—Podría ser. El comunismo arrastra la pesada carga de la Unión Soviética, Alemania, Yugoslavia, Checoslovaquia, Cuba y la propia China, que ya ve lo bien que le hizo la terapia.

—¿Podría ser?

Sinesio López, sociólogo, ex director de la Biblioteca Nacional y recientemente asesor del partido de gobierno, aparece en escena como la voz de la conciencia, y reflexiona sobre ese “lado oculto” que la izquierda, las izquierdas peruanas, aún mantienen bajo la alfombra. La vergüenza del terrorismo, que muchos guardan en el último cajón de la memoria, preocupados por ese recuerdo que los persigue y les hace preguntarse nuevamente: ¿quiénes somos?

—¿Somos el Movimiento de Nueva Izquierda (MNI)? ¿Somos Patria Roja? ¿Somos el Frente Amplio de Izquierda? ¿Somos Izquierda Unida?

—¿Cuál sería su primera opción?

—¡Ninguna, doctor! ¡Ninguna! ¡Pero soy todas ellas!

—¿Está segura?

En un escenario donde ni siquiera participaron en las últimas elecciones, y donde su propuesta se diluye entre una decena de opciones para marcar (la salida más fácil) en una cartilla electoral, La Izquierda no puede ver su rostro ni recordar su propio nombre. Un solo nombre. Un solo puño, dirían ellos mismos. “Yo detesto a este nuevo país”, dice Sinesio López sin pelos en la lengua. Pero no se atreve a decir si amará a uno con la hoz y el martillo al lado de la bandera patria.

—El país ha cambiado —reflexiona un instante—. Antes, el 40% del país eran asalariados. Ahora lo son menos del 20%.

Antes, la economía peruana era una pirámide: clase alta, clase media y baja. Esta última con menos beneficios pero más voluminosa, lo que le permitía salir a las calles a protestar y causar alarma. Ahora la economía es un rombo. Y los ingresos de la clase media y mediocre le bastan para quedarse contentos, sentados en sus escritores minúsculos, conformándose con la televisión y un escenario donde los políticos (de izquierda o derecha) no gobiernan: lo hace el dinero del capitalismo apátrida. La de —cito a Béjar y López— la Confiep, ni más ni menos.

—¿Y cree que podrá vivir con múltiples personalidades?

—Imposible, doctor. Imposible. Somos muy diferentes entre sí, peleamos todo el tiempo y nos desunimos cuando más nos necesitamos.

—Le advierto que esta es una terapia sicoanalítica, no de pareja.

La Izquierda está divorciada y cada vez tiene nuevos amoríos pasajeros. Por ahí apareció una Fuerza Social, que antes fue Concertación Descentralista y que tenía a una Villarán y un Simon. Antes que ellos estuvieron los etnocaceristas, rifle en mano, y hasta un comandante Humala, quien llegó a la presidencia con apoyo de izquierdos, zurdos y torcidos, y que luego olvidó el amor de verano. Después (y antes) apareció un padrecito Arana de bandera ecologista. Y ahora surgen los Ciudadanos por el Cambio. ¿Dónde quedaron los derechos del trabajador que defendió alguna vez un chino, un judío alemán y un ruso bolchevique?

Mariátegui por Cherman.

Good bye Lenin, como dice una película. Colorete para Mao y un poster con piel roja para el Amauta en lugar de sus siete ensayos es la única forma de olvidarnos de todo lo que hicieron aquel filósofo arequipeño y sus secuaces; aunque algunos manifiestos todavía acaben con la frase ¡Viva el presidente Gonzalo!, y exista un movimiento, que los rojos de todos los tonos rechazan, abogando por la amnistía del personaje borrado de las imágenes de “las tres espadas”.

—Si pudieras ser otro, ¿qué te gustaría ser?

—Gobierno, doctor. Es mi más grande sueño. Pero he cometido muchos, muchos errores.

—¿Y quieres una oportunidad para corregirlos?

—Exacto... ahora seré otro. Se lo aseguro.

Otro y otra. La Izquierda quiere ser otra. Una con jóvenes, feministas, ecologistas, gays, protestantes, campesinos e incluso liberales. Rolando Breña Pantoja, nuevo dirigente de Patria Roja y viejo senador, quiere a todas las sangres alineadas a la izquierda y sabe que para eso tienen que proyectar confianza y credibilidad, dos aguas que huyen del aceite de la política.

—Nosotros no somos la única izquierda y hay aquí quienes ven a los jóvenes como unos intrusos. Ellos tiene el mismo derecho que nosotros, pero eso no significa que los viejos vayamos a dar un paso al costado.

La Izquierda no se rinde, se resiste a morir. Al final, antes de levantarse del diván, le surge una pregunta: ¿Contra quién pelearemos ahora? ¿Contra Humala? ¿Contra la derecha derrotada por sí misma? ¿Contra los empresarios? Sinesio López está en contra de las ideologías y las privatizaciones. Y él, que es de izquierda pero heterodoxo (es decir, light, zero, descafeinado y de Ciudadanos por el Cambio) no está seguro de jugarse una ficha por esta izquierda, que pasará más tiempo en el diván, discutiendo consigo misma, que resolviendo los problemas de un país cuyo 30% del territorio no tiene presencia del Estado, abandonado y sin rumbo político.


Escrito por

Javier García Wong Kit

Periodista free lance, licenciado en Ciencias de la Comunicación y docente universitario.


Publicado en

Viajes de escritorio

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