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Chabuca Granda: Del puente a La Punta

“Chabuca Granda, siempre viva” es el nombre de la muestra que se expone en la Dirección Desconcentrada de Cultura del Callao (del 11 de octubre al 22 de noviembre). Objetos personales, premios y recuerdos conforman este homenaje a 30 años de su fallecimiento.

Fotos de la muestra: Ruth Anastacio

Publicado: 2013-11-13

La música y las letras de María Isabel Granda Larco (Chabuca Granda) parecen ser lo único que queda de la Lima a la que ella le cantó. A 30 años de su fallecimiento, ver su rostro pintado en un mural en el Centro de Lima o contemplar su estatua junto al chalán José Antonio, al final del Puente de los Suspiros (erigida hace 11 años), son los resquicios en los que se esconde su recuerdo. 

El 8 de marzo, día en que se cumplieron 30 años de la partida de la artista más completa que ha dado el Perú, la Municipalidad de Lima entregó una placa más de las tantas que se reparten como saludos a la bandera. El 3 de setiembre del año pasado, a 92 años de su nacimiento en la lejana Cotabambas (Apurímac) Google le ofreció toda su página de inicio.

El 11 de octubre de este año, en un rincón inhóspito del Callao (más cerca de La Punta que de la Alameda que lleva su nombre en el Centro de Lima desde 1999), una oficina oscura le abrió las puertas a sus objetos personales, en una iniciativa que se suma a la del Ministerio de Cultura que, hace dos años, auspiciara la obra musical “El lado negro de Chabuca Granda” de la agrupación Raíces Afroperuanas.

Parecen muchos los homenajes pero en realidad es muy poco lo que se hace por valorar la obra musical y literaria de una artista que le cantó al Perú y su geografía, a sus personajes y tradiciones, a la Lima antigua y a la revolución social, a deportistas y poetas, a las mujeres y a su propia voz.

Una letrista (“de las buenas”, como ella misma dice en una entrevista) que es recordada en Chile, Ecuador y Argentina como si fuera de esas tierras. Folcloristas y rockeros (entre ellos Fito Páez y Andrés Calamaro) la señalan como su inspiración y no pierden oportunidad en Lima para reconocerlo e interpretar una de sus canciones. Incluso el cantautor argentino Ezequiel Rocha prepara un disco tributo a la compositora.

Sus gafas, su máquina de escribir, su grabadora National, sus fotografías y sus premios (la mayoría entregados de forma póstuma) se exhiben en el Callao junto a algunas fotografías en blanco y negro, discos, partituras, su guitarra (autografiada por Paco de Lucía) y hasta el cuaderno con el manuscrito original de “La flor de la canela”. 

Hay algunos dibujos (entre los que faltan las versiones de Cherman y una fotografía del mural de Elliot Túpac y otros artistas) y poco más que debiera completarse con libros, discos y álbumes que no tenemos de Chabuca, una artista tan versátil que le cantó al andar de los caballos y los guantes de Mauro Mina. A un cronista y a un poeta. Que personificó a un gallo de pelea y a una mujer trabajadora.

Le debemos más homenajes a Chabuca Granda, aunque ahí están el reciente disco y DVD en vivo de Eva Ayllón, grabado en Buenos Aires, la reedición de “Cada canción con su razón”, producido por el Centro de Música y Danzas Peruanas de la Universidad Católica del Perú, y las interpretaciones de artistas viejos y jóvenes (escúchese a los Indoblanquinegros) que siguen manteniendo viva su música y su espíritu.

Le debemos más a Chabuca Granda porque si ya no hay premios qué entregar (como los que le dieron en vida en Estados Unidos, México, Chile, Colombia y Venezuela, todavía quedan aristas poco estudiadas de una creadora adelantada a su tiempo, que hizo música negra y criolla pero también bossa nova, jazz, trova y esbozos de música progresiva. Que cantó en francés, inglés y con aires de sicodelia. Que dejó versos inolvidables como:  

“Extrañaré la rumia / de mis sueños / y la dulce molienda / y la esperanza, / ese constante hacer / un alguien de algo, / ese afán de castillos en el aire / Ese arar en el mar / de los ensueños, / ese eterno soñar la adolescencia” (“Ese arar en el mar”).

Le debemos una cátedra universitaria a Chabuca (como la que se merecen los grandes creadores), un premio a la música peruana (igual a los que ganó), un museo permanente que reúna el archivo que posee su hija Teresa Fuller y una Lima más bella, como a la que ella le cantó.

*La exposición estará abierta al público hasta el 22 de noviembre en la Sala de Exposiciones Temporales de la DDC CALLAO (Jr. Salaverry 208, esquina con la cuadra 2 de Jr. Libertad, Callao Monumental). De lunes a viernes de 9 am a 5 pm. Ingreso es libre.


Escrito por

Javier García Wong Kit

Periodista free lance, licenciado en Ciencias de la Comunicación y docente universitario.


Publicado en

Viajes de escritorio

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